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Armaduras-Museo Lázaro Galdiano

Armaduras-Museo Lázaro Galdiano

Período de ejecución: 2007

Se trata de dos armaduras realizadas a finales del siglo XV y otras dos durante el siglo XVI en algún lugar europeo de fuerte influencia alemana o italiana. Las cuatro armaduras presentaban un estado de conservación muy similar; la corrosión estaba presente en todas ellas en diferentes grados y en algún caso llegó incluso a fracturar el metal. En determinadas zonas el óxido ha llegado a soldar zonas móviles como launas y cierres, imposibilitando su apertura y movilidad. La pérdida de remaches de unión entre piezas ocasionaban su deformación en algunos casos; algunas partes de la armadura se habían desplazado como consecuencia de la rotura de cinturones y trabillas.

La intervención del IPCE se inició con el desmontaje de cada una de ellas y la eliminación del polvo y parte de la suciedad además del desengrasado con una disolución al 50% de alcohol etílico y acetona o con xileno. La corrosión se eliminó con micromotor y brocas de caucho y cepillos. El pulido final se realizó con ayuda de un micromotor y brocas de copa de pelo natural y borrego de algodón. En el interior, que se encontraba con su pátina original y en bastante buen estado de conservación, se realizó un tratamiento de inhibición con taninos al 3% diluidos en etanol.

El montaje se realizó sustituyendo en primer lugar los remaches partidos por tiras de piel con tornillos y tuercas, para favorecer su sustitución; los correajes se mantuvieron siempre que tuvieran suficiente resistencia mecánica para realizar su función de aguantar el peso del acero.

Los cuatro maniquíes que sustentaban cada una de las armaduras estaban compuestos por un armazón de madera; el relleno del cuerpo era de virutas de madera y estaban forrados con un tejido fuerte de lino de color natural sujeto al armazón por medio de hileras de clavos. Cabeza, manos y pies eran de madera maciza. Sobre el maniquí estaban colocados los tejidos ocupando los lugares que serían visibles desde el exterior en los huecos dejados por la armadura. Suciedad y deshidratación de las fibras eran los principales deterioros que sufrían; después del desmontaje se sometió a un tratamiento de desinsectación en atmósfera inerte de nitrógeno de alta pureza. Posteriormente se realizó una limpieza mecánica y se colocó un nuevo forro a los maniquíes.

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